Galería Fermay se complace en presentar ‘Spinning Rumours   Ópalo’, una exposición individual del dúo de artistas afincado en Amberes, Carla Arocha y Stéphane Schraenen.

El término latino original ignoramus diverge significativamente del significado actual asociado a la palabra ignorante. Mientras que el primero se traduce aproximadamente como “alguien que aún no ha llegado al conocimiento”, la versión moderna adopta una postura más bien peyorativa, refiriéndose comúnmente a la simple estupidez. La diferencia clave entre ambas acepciones es que uno alude a un estado estático de la mente, mientras que el otro, de manera bastante distinta, implica un sentido de movimiento o tendencia. Siguiendo esta última línea de pensamiento, el conocimiento parece estar en suspensión, a la espera, y disponible para quienes estén dispuestos a ir en su búsqueda.

La noción de verdad ha sido un concepto integral en todas las culturas desde tiempos antiguos. En la Antigua Grecia, por ejemplo, Platón equiparaba la idea de verdad con la belleza. En el siglo XX, el filósofo alemán Martin Heidegger transmitió la idea de la verdad como algo que se revela progresivamente en la existencia. Más tarde, para Foucault y los posestructuralistas en general, la verdad era eminentemente una construcción social, una herramienta para ejercer poder. Aunque simplificado en exceso, lo anterior muestra que a lo largo de la historia ha existido, en efecto, una persistencia y un gran esfuerzo por destilar la esencia misma del término, lo que a su vez ha dado lugar a múltiples y diferenciados sistemas de creencias. La ciencia y las matemáticas, además, se construyen sobre el principio de la verdad (axiomas, hechos), lo que permite establecer una correspondencia objetiva entre el pensamiento y la realidad, avanzando así en una comprensión del mundo fundamentada en lo empírico.

El título de la exposición, ‘Spinning Rumours   Ópalo’, hace referencia a una expresión común utilizada para señalar el acto de difundir desinformación con la intención de influenciar la opinión pública. Existe en ella una tensión evidente —entre lo que se supone que es la verdad y el esfuerzo por socavarla—. Si bien los chismes y las narrativas sesgadas han estado presentes en todo tipo de sociedades, nuestra era del siglo XXI, marcada por el auge de la tecnología digital, parece sobresalir en ello. La invención de Internet trajo consigo la promesa de una verdadera democracia, pero parece que ha ocurrido exactamente lo contrario. Paradójicamente, una sociedad que depende de, produce y consume una inmensa cantidad de datos e información, se encuentra cada vez más incapaz de validarlos o confiar en ellos. Esto quizá no debería sorprendernos ya que el diseño y el funcionamiento de las tecnologías siempre han sido implementadas bajo condiciones sociales y políticas que favorecen el control y el beneficio por encima de la libertad.

La naturaleza especulativa de la práctica artística de Arocha y Schraenen permite a los artistas adentrarse en estos temas casi de manera inadvertida. Más concretamente, para esta exposición los artistas toman como punto de partida el ópalo, un mineraloide similar al cuarzo caracterizado por sus cristales internos que refractan la luz. Culturalmente, los atributos físicos distintivos del ópalo, especialmente sus colores iridiscentes, lo convirtieron en un objeto codiciado asociado a numerosos poderes positivos como la protección, la creatividad o la pureza. Sin embargo, a lo largo de los siglos, su reputación también se ha visto empañada por connotaciones negativas como la desgracia, la mala suerte o incluso la muerte. Tales significados han coexistido siempre con algo que es un hecho: la composición química de este mineraloide es SiO₂·nH₂O (dióxido de silicio y agua). Como resultado, el ópalo se despliega tanto como un mineral con un conjunto de cualidades físicas determinadas a través del estudio científico como, al mismo tiempo, un artefacto cultural altamente volátil cargado de valor simbólico. ¿Cuál definición prevalece? ¿En cuál de las dos decidimos creer? Es precisamente esta escisión la que los artistas deciden explotar: los procesos inestables y, a veces, ambiguos e incluso contradictorios de creación de significado mediante los cuales las sociedades, así como los individuos, interpretan la realidad. El ópalo actúa a lo largo de la exposición como un motivo sostenido que permite a los artistas plantear una red de referencias cruzadas que se fundamentan tanto en estas preocupaciones conceptuales como en su comprensión de la forma y el espacio.

Carla Arocha y Stéphane Schraenen comenzaron su colaboración artística hace dos décadas, en 2005, cuando realizaron su primera exposición institucional en FRAC Auvergne, titulada ‘Chris’. Su obra es el resultado de un esfuerzo común y de una visión compartida que desafía las percepciones del espacio, el reflejo y la propia realidad, al tiempo que examina críticamente las ilusiones y complejidades de la cultura visual contemporánea. Su trabajo suele materializarse en instalaciones específicas contextuales, realizadas con materiales reflectantes destinados a alterar un espacio determinado con la intención de explorar otras posibles realidades o narrativas. Una consecuencia directa de esta forma de operar es una desestabilización, la interrupción de una lógica establecida, que provoca que el espectador se sienta de algún modo confundido, incluso desorientado. Como señala acertadamente Schraenen, sus exposiciones funcionan como máquinas de pensamiento: propuestas concebidas como un todo, pero compuestas a la vez por piezas independientes, que se activan a nivel espacial, arquitectónico, histórico y emocional. Existe también una cierta exigencia, un esfuerzo, que Arocha y Schraenen imponen al espectador: la necesidad de tener que reposicionarse constante y conceptualmente —y también físicamente—, convirtiéndose así en un agente indispensable que completa las obras.

La exposición comienza con los ventanales de la galería que dan a la calle completamente oscurecidos impidiendo así que los transeúntes vean lo que sucede en el interior. Una vez dentro, los artistas invitan al público a interactuar con la mencionada máquina de pensamiento, que se construye a partir de su interés continuado por la percepción, el color y la luz. En la sala frontal se encuentra Lumen Internum (2026), un video vertical de gran formato que proyecta en cámara lenta imágenes ampliadas de ópalos disolviéndose, con el esquema de color invertido. Sobre éste, hay una pequeña pantalla horizontal con el video original reproduciendo esa misma imagen, cosa que nos lleva de nuevo a la idea de “opuestos” y la indeterminación conceptual que coexiste de manera entrelazada. La escala de la obra y los potentes campos de color parecen incitar al espectador a dejarse llevar para adentrarse en las propuestas estéticas planteadas por los artistas.

El espacio principal de la galería alberga Ópalo (2026), una serie de grandes pantallas translúcidas suspendidas que reconfiguran por completo el espacio. Mientras que Arocha y Schraenen suelen utilizar superficies reflectantes, en esta ocasión han optado por superficies transparentes perforadas, en las que únicamente los bordes interiores han sido pintados, evocando las cualidades cromáticas del ópalo. El resultado es una experiencia hipnótica en la que la visión y el movimiento del espectador deben recalibrarse constantemente para poder recorrer la sala. Con este gesto, los artistas convierten el espacio en una imagen, enfatizando sus cualidades especulativas y maleables, al tiempo que otorgan al observador una sensación de agencia. Esta manera de negociar artísticamente el tiempo y el espacio ancla al espectador en el presente, tanto física como emocionalmente, animándolo a dedicar tiempo a interactuar con la obra. Las dicotomías siguen apareciendo —esta vez en forma de vacío/materia y transparencia/color—, lo que permite a los artistas profundizar en su objeto de estudio

Acompañando la instalación Ópalo se encuentra la intrigante Ghost-Fuzz (2026), compuesta por cientos de pompones peludos de visón que se expanden por el suelo y las paredes de un modo que recuerda a la formación temprana de esporas de moho. Habitualmente asociado con la descomposición y la rápida propagación —y quizá aquí en marcado contraste con la formación extremadamente lenta y las cualidades estables del ópalo—, el gesto de los artistas parece aludir de manera incisiva a la fragilidad de los constructos sociales y políticos que, en su precariedad, pueden erosionarse fácilmente cuando ciertas condiciones cambian. Si Ópalo ocupa el espacio principal de la galería, The Ópalo (Box) (2026) es, en cierto modo, su versión opuesta, ya que, como su título indica, se encuentra contenida dentro de una estructura similar a una caja. La pieza utiliza las mismas pantallas modulares de plexiglás que conforman la gran instalación, pero esta vez dispuestas verticalmente, una sobre otra, incluyendo un espejo en la base que incorpora automáticamente al espectador curioso dentro de la ecuación. Las obras sobre papel Opal I, II, III (2026) circunscriben el motivo a un medio bidimensional que, una vez más, nos exige modificar la manera en que interpretamos la imagen.

Frente a la idea de que la abstracción geométrica debe ser necesariamente fría y distante, Carla Arocha y Stéphane Schraenen demuestran exactamente lo contrario. Tras una práctica caracterizada por un meticuloso formalismo, los artistas sitúan la experiencia del espectador en el centro de sus inquietudes artísticas, incorporando así nociones como la fragilidad, la memoria o la ausencia. Al alterar los espacios, suspender el significado y provocar cierto grado de confusión, los artistas invitan al espectador a hacer un esfuerzo por adentrarse en las propuestas, durante el tiempo que uno desee, para cuestionar así la realidad que le rodea. Una vez comprendemos que las obras son receptivas y que desempeñamos un papel en ellas, se abre una dimensión completamente nueva de ‘Spinning Rumours   Ópalo’, brindándonos la oportunidad de ser afectados de maneras que aún no habíamos considerado.

Carla Arocha y Stéphane Schraenen han expuesto su obra extensamente en Europa, Estados Unidos, América Latina y Asia. Exposiciones y proyectos recientes: Spinning Rumours   Ópalo, galería Fermay (2026), Shadows Know, Jason Haam, Seoul (2025), Bienal de Busan, Korea (2024), 99 – 24 Galerie Parisa Kind, Frankfurt am Main (2024), Floop, galería Fermay (2022), Unvollendet, Galerie Parisa Kind, Frankfurt am Main (2022), Look Out, Galería Maior, Pollença (2019), The Aftermath, Gallery of Fine Arts, Split (2019), Sanguine/Bloerood, comisariada por Luc Tuymans (M HKA, Amberes y Fondazione Prada, Milán), Concrete, comisariada por Ziba Ardalan, Parasol Unit, Londres, Reino Unido (2016). Su obra forma parte de colecciones institucionales y privadas como MoMA New York, Chicago Art Institute, Chicago Contemporary Art Museum, Walker Art Center (Minneapolis, US), CAB Burgos, Fundación de Arte Cisneros Fontanals (Miami, EE.UU.) and F.R.A.C. Auvergne, Clermont-Ferrand (FR).

 

Conversación de los artistas y presentación del libro 
20.03.2026 a las 19.30h

Los artistas presentarán la publicación Carla Arocha and Stéphane Schraenen: Monograph as Project en Es Baluard Museu. Este libro ha sido editado y escrito por la curadora e historiadora del arte Barbara Vanderlinden, y diseñado por Irma Boom. Ampliando la noción de la monografía de artista, este estudio ricamente ilustrado examina tanto las prácticas individuales como la práctica colaborativa de Arocha y Schraenen desde la década de 1990 hasta la actualidad. Este evento será moderado por Antoni Ferrer.